Aunque sean eficaces contra el nuevo coronavirus, las vacunas distribuidas en Estados Unidos tienen como efecto secundario la profundización de la desigualdad social en el ámbito de la salud.

Según la agencia de noticias Stat, la distribución de las dosis disponibles sigue los ingresos de las personas: en las zonas más ricas, la tasa de inmunización es mayor.

Para ver la dimensión de este abismo, basta observar la situación en California, el estado más populoso y rico del país, donde las personas de las zonas más ricas se vacunan un 56% más rápido que aquellas de las regiones pobres.

Más allá de los ingresos, la administración de las dosis de vacunación también es una cuestión racial.

Según una encuesta de Associated Press, la población afroamericana, hispánica e indígena de estados unidos sufre, en esta pandemia, una tasa de mortalidad tres veces superior a la de la población blanca.

Aun así, la vacunación no sigue esta lógica y en estados como carolina del norte, donde los blancos son el 68% de la población, constituyen el 82% de los vacunados.

Edición: Luiza Mançano



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